Iglesia, Liderazgo, Ministerios, Vida Cristiana.

Evaluemos nuestro crecimiento…

 

Dentro de todo libro o manual acerca de igle-crecimiento, hay formas y parámetros de cómo llevar a la iglesia hacia ese rumbo y el cómo evaluar ese crecimiento, pero sin dudas todo inicia evaluando a la iglesia misma, ¿qué tan sana o enferma se mantiene?, ¿qué tan consiente de su realidad se encuentra?, aunque al parecer siempre hay un temor constante a la evaluación, o al menos por no tener clara la forma de hacerlo, ya que nos deja ver no solo nuestras fortalezas, sino también nuestras debilidades, y en ocasiones es eso lo que presisamente no deseamos encarar. Por tanto esto debería ser una oportunidad de crecimiento constante, el evaluar, revisar y cambiar lo que sea necesario, quitar o poner, estudiar modelos, implementar estrategias nuevas adaptandolas a nuestra necesidades, tratar de mejorar en nuestras congregaciones, tanto como en nuestras vidas.

El deseo expreso de Jesús acerca de la iglesia es que esta creciera y de eso no hay duda alguna, él dijo:

Mateo 16:18

Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta Roca edificaré mi iglesia, y las puertas del hades no prevalecerán contra ella.”

Desde el inicio de la iglesia misma, el propósito de Jesús hacia ella es que pueda prevalecer, sobre los ataques del enemigo, sobre la negligencia, insensibilidad e inconsciencia del mundo contemporáneo, y sobre las mismas puertas del infierno. Que mantuviera un crecimiento constante y una madurez congruente, conforme al propósito de su llamado:

Mateo 28:19.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Este deseo expreso de Jesús hacia nosotros mismos y nuestras vidas, nos permite entender, que es importante encontrarnos sanos y en crecimiento constante,  tanto eclesial como personalmente, no puede haber crecimiento sin sanidad interior, así como nuestro cuerpo físico y la misma naturaleza nos enseña, no hay crecimiento y multiplicación cuando existe enfermedad en los seres vivos. La enfermedad, la desnutrición, el dolor, o simplemente demasiado de algo son causas constantes de la falta de crecimiento en nosotros y en nuestras congregaciones.

¿Entonces que tiene que haber en nosotros o en nuestras iglesias para considerar, con una evaluación constante, que estamos sanos o enfermos?

Lo primero es decir que:

Una iglesia sana: piensa GRANDE. No puede haber cabida para visiones cortas y sin enfoque, no hay tiempo para nimiedades en una iglesia que está en crecimiento constante

Una iglesia sana: Equipa para un fin.  Efesios 2:20-22

 “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

No puede haber seguimiento y crecimiento futuro sin edificar nuevos líderes y discípulos, con una visión, proceso y meta más grande que ellos mismos. Y para cumplirla entienden que es necesario coordinarse en unidad y fe.

Una iglesia sana: Utiliza, Miembros, Dones y talentos.

Hay un mover constante de liderazgo y propósitos en el trabajo diario de la congregación, el mayor recurso son las personas mismas, todas son parte de algo mayor que sí mismas, reconocen que se necesitan mutuamente, sus ministerios no pelean entre sí, sino que se complementan.

Una iglesia sana: Tiene una estructura que se adapta a las necesidades de Todos.

Hay un contacto tanto interior, como exterior con las personas y sus necesidades, un sentimiento de necesidad de ayudar a los demás siempre se ve reflejado en cada actividad de reunión, siguiendo el ejemplo de la iglesia primitiva en: Hechos 2:43-47

Una iglesia sana: Tiene un Ministerio Equilibrado.

Se busca un Culto espiritual, emocionante y vibrante. Se practica una predicación directa, potente, compasiva y basada en la Biblia. (reflexiva, detallada, sana), siempre hay formación de Líderes en curso. Se busca reunir a los grupos establecidos sobre una base de ministerio y edificación mutua, se establece un proceso de alcance organizado y actual a la comunidad. Se cuenta con ministerios específicos.

Campana-evaluemos

Evaluar es valorar!

Entonces cabe decir que en una iglesia sana la gente tiene un buen conocimiento bíblico. Las personas son comprometidas en su propia devoción, no hay que presionarles a hacer, sino que trabajan conforme su agradecimiento, son personas entusiastas en la alabanza y adoración, así como también testifican activamente en la comunidad, son personas sensibles y diligentes en ministrar a los demás. Dan Sacrificialmente y manifiestan sus compromisos personales de santidad, se demuestran un amor genuino y cuidado entre sí, y esto trae como resultado que las demás las personas sean tocadas en los servicios congregacionales y busque ser llenas del Espíritu Santo.

En esas iglesias ¡Se vive de manera distinta!

La evaluación y prueba para nosotros es: ¿si nuestra VIDA ES DISTINTA?

Hno. Sergio Morales

 

 

 

 

 

Estándar

Deja un comentario