
Hay un tendencia muy propagada en nuestros tiempo, cuándo vamos de compras el supermercado y queremos comprar frutas o verduras, siempre hay una variedad inmensa, pero es interesante que cuando llegamos a ciertas clases de frutos, que tenemos que decidir si compramos frutos regulares o frutos sin semilla, y podemos darnos cuenta que la oferta de parte del supermercado es poniendo una a la par de la otra, naranjas, sandías, melones, chirimolla, higos, tomate, limones, etc, etc, etc…
Estos frutos sin semilla son en ocasiones más llamativos, más jugosos e inclusive más atractivas.
Y este atractivo yace en el hecho de que son más fáciles de comer, tienen a menudo una apariencia mucho más llamativa y una mayor durabilidad que los frutos con semilla. Existen varias formas, naturales y artificiales, de cultivarlos. Los términos técnicos de la producción de frutos sin semilla son partenocarpia, estenoespermocarpia e injerto.
Sólo que hay un problema con estos frutos, estos NO se Reproducen.
Las semillas resultan fundamentales para la formación de la fruta, ya que suelen emitir señales hormonales que hacen que esta se genere. Algunas plantas con frutas, como el plátano, contienen una mutación genética que permite la formación de la fruta sin desarrollo de semilla. En otras, como la sandía, una pequeña parte de la semilla permanece intacta y desencadena la cascada hormonal que impulsa el desarrollo de la fruta.
Es tan triste encontrar frutos como estos en nuestras iglesia o en nuestros círculos de influencia, y mucho más triste aún encontrarlos en nuestras propias vidas.
Cuando hacemos algo en nuestro ministerio sin el alcance correcto, sin el esfuerzo de bendecir a otros, sin impactar la vida de los que nos rodean, un servicio sin impacto no es servicio, es lamentable ver ministerios que se levantan, que florecen y se ven tan hermosos y sanos pero que cuando se van acabando, no hay quien siga con su asignación, no hay una semilla reproductiva en ellos, no hay quien siga sus pasos, quien luche por su visión, frutos sin semilla, que sólo alimentan una sola vez, a una sola generación, un fruto que no se reproduce, no es natural sino artificial.
Son frutos estériles, que no dejarán huella en la sociedad o comunidad…
Frutos huecos que no cumplen con el propósito y diseño del creador, ya que no tienen como reproducirse y/o multiplicarce.
Marcos 4:8 «pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto; pues brotó y creció; y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.”
El fruto es básicamente la manifestación del carácter de Cristo que tiene la capacidad de reproducirse en otros y no necesariamente almas convertidas que resultan del ministerio evangelístico de un hijo de Dios. Cuando en las Escrituras se usa la palabra fruto generalmente se refiere a lo que produce el Espíritu Santo en la vida de alguien a quien EL controla.
De esto nos habla Gálatas 5:22-23.
«Y el fruto del espíritu es: … »
Nuestros frutos pues deben reproducirse en otros, impactar a otros, proyectarse en otros…
Hagamos pues!
Sergio Morales