
Sin duda alguna hay una necesidad grande en nuestras congregaciones, en cuanto a una predicación más clara y contundente, una predicación verdaderamente embestida de poder y unción departe de Dios. Aunque notamos que hay muchos estilos de predicadores, no podemos callar el hecho de que algunos, en su deseo de transmitir esta verdad, se lanzan sin la preparación adecuada, emocionados por estar entre el altar y las personas deseosas de escuchar su mensaje. Esta falta de preparación, con el tiempo se deja ver y deja sus frutos entre los que escuchan. Escuchamos a predicadores que piden que las congregaciones alaben con esmero y alcanzan a decir que el pueblo también predica alabando y diciendo gloria a Dios, junto con ellos, se puede ver una controversia grande entre lo que desean transmitir y lo que de antemano ya esperan como respuesta del pueblo: gritos, aplausos, ovaciones… etc., etc..
Por otro lado, están los que retan y con una predicación agresiva, violenta y soberbia desean mostrar su autoridad ante la congregación de forma brusca y arrebatada.
Hay algunos que se lanzan al otro extremo, piden música de fondo como si, Jesús o algún apóstol hubiera necesitado música de fondo o crear alguna atmosfera especial para que la gente lo pudiera escuchar, o para transmitir la verdad bíblica.
Creo que no podemos rebajar la predicación de este maravilloso evangelio, a un mero termino o concepto humano, o una práctica simple y de mutua motivación entre el que predica y la iglesia.
Si, la predicación motiva, pero va mas allá, inspira, cambia y transforma vidas, cuando es bien comunicada, y cumple el propósito para lo que el señor diseño como predicación bíblica y expositiva de la verdad eterna de su evangelio. Nuestra predicación debe ser directa, potente, pero también compasiva, reflexiva, detallada, sana, y basada en nuestra experiencia en la presencia de Dios, básicamente damos de gracia lo que hemos recibido de gracia.
Cuando el exponente esconde sus, debilidades en la exégesis bíblica, en la hermeneutica, la homiletica y esconde la falta de recursos, éticos, léxicos y académicos detrás de una cortina de peticiones, nimiedades, gritos exagerados e innecesarios, y muletillas usadas por los oradores a la moda, demuestra su incapacidad para transmitir este evangelio puro y sin mancha, y por muy bueno que sea ese deseo de transmitir la verdad del evangelio, no podemos pasar por alto esta necesidad de capacitarse espiritualmente y académicamente, para que las personas crean a nuestra palabra.
Esa fue la oración de Jesús en:
Juan 17:20
“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”.
Ahora preguntémonos eso es lo que el señor espera de parte de todos los que predican su evangelio. O esperara que podamos ser capaces de comunicar su verdad a viva voz, capacitados en la forma de cómo debemos hacerlo y las personas sean alcanzadas por que entienden lo que de verdad transmitimos detrás de nuestros pulpitos.

«No hay nada mas delicado en este mundo que la verdad.» Jan Herca.
Creo que hay una gran necesidad de comunicar esta verdad y que no se trata de gritar solamente sino de enseñar con la predicación, que el predicador sea maestro en la enseñanza, y sobre todo que los oyentes aprendan, reciban, se convenzan de las bendiciones de Dios y el pecador se arrepienta.
Con esto no desmerito el esfuerzo de muchos predicadores de nuestras congregaciones, porque su esfuerzo es de reconocerse, más bien les insto, que se esmeren en educarse, en como hacerlo mejor, en aprender a comunicar esta verdad, con conocimientos reales y concisos, no solo en palabras, cuentos y gritos, sino también en poder y manifestaciones espirituales, sobre todo que seamos congruentes con nuestras palabras y acciones.
Nuestras iglesias necesitan predicadores capacitados, y el Espíritu Santo está listo para hacerlo.
Recordemos que: “SOMOS lo que hacemos día a día, de modo que, la EXCELENCIA no es un acto sino un HABITO.”
Santiago dice que Él pone en nosotros el hacer como el querer, la actitud (la voluntad de hacerlo), como el hacer (la aptitud o capacidad). Todo esto por su buena voluntad.
Seamos pues capaces de cumplir con esta responsabilidad… de predicar y predicar bien!.
Hno. Sergio Morales.
Aqui unos consejos practico para los predicadores.
Haz clic para acceder a microsoft-word-consejos-para-predicadores-practical-advices-to-preachers-2008.pdf
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